Onomancia
Onomancia: adivinación mediante los nombres y el número de sus letras. La onomancia, como se ha dicho con propiedad, significa más correctamente adivinación por un asno que por un nombre, y esta última ciencia debería llamarse onomamancia u onomatomancia.
Contenido con fines culturales y de entretenimiento.
Según la «Enciclopedia del ocultismo» (1920)
La onomancia, como se ha dicho con propiedad, significa más correctamente adivinación por un asno que por un nombre, y esta última ciencia debería llamarse onomamancia u onomatomancia. Se supone que la noción de que existía una analogía entre los nombres de los hombres y sus fortunas se originó con los pitagóricos; proporcionó algunos devaneos a Platón y ha sido fuente de mucho ingenio menudo en Ausonio, que al estudioso de los clásicos puede divertirle cotejar en sus epigramas.
Dos reglas principales de la ciencia de la onomancia eran, primero, que un número par de vocales en el nombre de un hombre significa algún mal en su costado izquierdo, y un número impar, una afección semejante en el derecho, de modo que, entre ambos, poco cabía esperar una salud perfecta. Segundo, que de dos competidores saldría victorioso aquel cuyas letras numerales, sumadas, excedieran la cantidad de las del nombre de su rival; y esta fue una de las razones que permitieron a Aquiles triunfar sobre Héctor.
Se dice, según la autoridad de Celio Rodigino, que el rey godo Teodoto practicó una especie peculiar de onomancia por recomendación de un judío. El adivino aconsejó al príncipe, en vísperas de una guerra con Roma, que encerrara treinta cerdos en tres pocilgas diferentes, tras haber dado previamente a algunos nombres romanos y a otros nombres godos. El día señalado, cuando se abrieron las pocilgas, todos los romanos se hallaron vivos, aunque con la mitad de las cerdas caídas; los godos, en cambio, estaban todos muertos; y por este pronóstico el onomántico auguró que el ejército godo sería completamente destruido por los romanos, quienes, al mismo tiempo, perderían la mitad de sus propias fuerzas.
Texto original (inglés)
Onomancy, it has been properly said, more correctly signifies divination by a donkey, than by a name; and the latter science ought to be termed Onomamancy or Onomatomancy. The notion that an analogy existed between men's names and their fortunes is supposed to have originated with the Pythagoreans; it furnished some reveries to Plato, and has been the source of much small wit in Ausonius, which it may amuse the classical scholar to collate from his epigrams.
Two leading rules in the science of Onomancy were first, that an even number of vowels in a man's name signifies something amiss in his left side; an uneven number a similar affection on the right; so that, between the two, perfect sanity was little to be expected. Secondly, of two competitors, that one would prove successful the numeral letters in whose name when summed up exceeded the amount of those in the name of his rival; and this was one of the reasons which enabled Achilles to triumph over Hector.
The Gothic King, Theodotus, is said, on the authority of Caelius Rhodiginus to have practised a peculiar species of Onomancy on the recommendation of a Jew. The diviner advised the prince, when on the eve of a war with Rome, to shut up thirty hogs in three different styes, having, previously given some of them Roman and others Gothic names. On an appointed day, when the styes were opened, all the Romans were found alive, but with half their bristles fallen off—all the Goths, on the other hand, were dead; and from this prognostic the onomantist foreboded that the Gothic army would be utterly destroyed by the Romans, who, at the same time, would lose half their own force.
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