Augurio
Augurio: adivinación mediante el vuelo y el canto de las aves, el relámpago y otras señales del cielo. En la antigua Roma se destinó una casta o colegio distinto de sacerdotes, llamados augures, a interpretar las señales de aprobación o desaprobación enviadas por los dioses respecto de cualquier acontecimiento venidero.
Contenido con fines culturales y de entretenimiento.
Según la «Enciclopedia del ocultismo» (1920)
En la antigua Roma se destinó una casta o colegio distinto de sacerdotes, llamados augures, a interpretar las señales de aprobación o desaprobación enviadas por los dioses respecto de cualquier acontecimiento venidero. Este colegio constaba probablemente en su origen de solo tres miembros, uno de los cuales era el propio rey; y no fue hasta la época de César cuando el número de sus miembros se elevó a dieciséis. El colegio subsistió hasta el siglo IV, y sus miembros ejercían el cargo de por vida. Los principios de los augures romanos eran que, para obtener señales de los dioses, había que mirar al cielo y recoger el conocimiento de los mandatos de los seres divinos a partir de presagios como el relámpago y el vuelo de las aves. En una noche sin viento, el augur se situaba en una colina que ofreciera una amplia vista. Delimitando un espacio para sí, plantaba dentro de él una tienda y, sentado en ella con la cabeza cubierta, pedía a los dioses una señal y aguardaba la respuesta. Miraba hacia el sur, de modo que tenía el este, o cuarto propicio, a su izquierda, y el oeste, o porción desfavorable del cielo, a su derecha. Observaba con cuidado cada señal que entraba en su campo de visión, como el relámpago, la aparición de aves, etc. También se escuchaban con atención el canto o la voz de las aves, que se dividían en aves de buen agüero y de mal agüero, mientras que otras se referían a personas y acontecimientos determinados.
Texto original (inglés)
In ancient Rome a distinct caste or college of priests called Augurs was set apart to interpret the signs of approval or disapproval sent by the gods in reference to any coming event. This college probably consisted originally of but three members, of whom the king himself was one; and it was not until the time of Caesar that the members were increased to sixteen. The college remained in existence as late as the fourth century, and its members held office for life. The tenets of the Roman augurs were, that for signs of the gods one must look towards the sky and glean knowledge of the behests of the divine beings from such omens as the lightning-flash, and the flight of birds. On a windless night, the augur took up his position on a hill which afforded an extensive view. Marking out a space for himself, he pitched a tent within it, and seating himself therein with covered head requested the gods for a sign, and waited for an answer. He faced southwards, thus having the east, or lucky quarter, on his left, and the west, or unfavourable portion of the sky, on his right. He carefully observed every sign which came within the purview of his vision: such as lightning, the appearance of birds, and so forth. The song or utterance of birds was also carefully hearkened to; and these were divided into birds of good omen and evil omen: while others referred to definite persons and events.
Relacionado
Ver también
Edición: Sophia · Última actualización: