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Los Libros Proféticos de William Blake

 WILLIAM BLAKE: LA EXPRESIÓN Y LA CREATIVIDAD EN LA POESÍA Y LA PINTURA

Willian Blake, poeta, pintor, visionario, es el paradigma del artista en cuanto creador de posibilidades, nuevos Mundos, esa esfera del Ser que ha quedado reducida a dos ámbitos incompatibles, conocidos popularmente como sujeto y objeto. Lo que ha obligado, como de hecho así ha sido, las más descabelladas teorías en el terreno del pensamiento o en la política que permitieran dar razón de ser de esa incompatibilidad inicial. El sujeto (hombre) se ha creído omnipotente, al crear la corriente racionalista la tesis del individuo autosuficiente, mientas que el objeto (el mundo) únicamente ha sido visto como aquello a explotar o ser reducido a los meros impulsos de nuestro cambiable pensamiento.
Sin embargo será a partir del siglo XVIII, con el surgir, primero de movimientos en contra del pensamiento cartesiano, cuyo exponente por antonomasia será E. Swedenborg, del que se reirá el emergente pensamiento lineal, cuyo mayor representante será E. Kant. En segundo lugar será a lo largo del siglo XIX al albor del Romanticismo cuando se produzca una lucha de posiciones, entre las que se halla Blake, representante mayor, e introductor en la Isla, del Romanticismo inglés.
Todo lo cual ha llevado ya desde el siglo XX a un atentado sobre el estatuto del sujeto, con Heidegger, y posteriormente con el neo estructuralismo de Foucault o Derridá, por poner solo dos ejemplos.
Será en este ambiente donde se produzca la reacción de toda una línea humanista que intentará no verse arrastrada por aquella corriente. Y en este ámbito crea su arte que le llevará a visionar, nos gusta más este término que el de profético, todo una serie de poemas que nos desvelarán el futuro, no tanto al estilo de las novelas de Huxley, por ejemplo, en que las fuerzas espirituales del mundo se despliegan en la eterna lucha de la creación.
Siempre fue tenido por un alterado mental, y de hecho se cuenta una famosa anécdota cuando tenía cuatro años. Se despertó aterrado y sudando, y su madre le preguntó qué le pasaba, a lo que respondió: “he vista la Cabeza de Dios”.
Como en uno de sus poemas afirma:
“Cuando los Cielos fueron sellados con piedra, y el terrible sol encerrado en un orbe, y la luna
arrebatada de las naciones y cada estrella designada como vigía de la noche,
los millones de espíritus inmortales quedaron cautivos en las ruinas de un cielo sulfúreo
para que vagaran esclavizados, negros, deprimidos en oscura ignorancia, aterrorizados con el látigo
para adorar terrores, criados con la sangre de la venganza y el aliento del deseo,
en formas bestiales, dos de los más terribles hombres, hasta el alba..”

La visión que Blake. tenía del hombre y del Mundo hereda muchas de las afirmaciones platónicas, aunque eleva a lo más alto del pedestal una facultad cada vez más aislada: la Imaginación. Conviene entender que la imaginación a la que Blake se refería está más en consonancia con la de los antiguos teósofos, un ámbito de encuentro donde moran formas eternas (recordemos a Platón) con las que el hombre teje su universo. Por eso la imaginación vulgar en nada se le asemeja. Por otra parte el pensamiento antiguo, y en este sentido del lado del paganismo, es señala que el hombre viene a este mundo con unas formas que le hacen ser de determinada manera. La mente no encarna en este mundo como un hueco de cera virgen, lo que significa que venimos con una información apta para desarrollar lo que somos en esta vida.
Además la imaginación se divide en cuatro niveles, ya que todo es imaginado, es decir informado por algo. Desde el punto más bajo o Ulro, hasta el más alto que se llama Edén, se sube a otra forma o Generación, que nos conduce a Beulah. Para que esto suceda así debemos tener en cuenta que nuestra mirada tiene una doble visión, la que mira con algo (los ojos), y la que mira a través de algo (los ojos). Es en este doble sentido que la imaginación alcanza un nivel elevado, y donde puede hablarse de metáforas y símbolos.
Y es aquí donde podemos situar su obra pictórica, ya que grababa con exquisitez todas las formas, en que no era menos importante la concepción que tenía sobre el arte. Una de las más claras concepciones artísticas era acerca de los límites. Definía los límites a través de líneas para que dieran consistencia a sus representaciones. Movimiento y tensión de las mismas permitían crear un mundo al que lustraba con brillantes colores. De manera que devenía creación iluminada, puesto que no quería para nada imitar a la naturaleza sino crear a través del ojo de la mente, y para ello las líneas debían ser exquisitamente finas, sin llegar a mezclar los colores. Esa tensión que permitía las líneas a las formas hacían de éstas algo vivo.
Representaciones como El Libro de Thel o Las Visiones de las hijas de Albión, tratan de manifestar la fuerza anímica para no dejarse constreñir por las formas convencionales y superar el ámbito, que podemos llamar uterino o maternal, para encaramarse hacia dimensiones que le permitan expresar eso que ya trae informado a través de la Imaginación.
Conviene tener en cuenta que Blake pasó previamente, antes de esa visión romántica, por un periodo revolucionario en lo social. Y toda su visión tomaba asiento en la Biblia, que bajo los tiempos de Creación, Caída, Redención, a la que añadía el Apocalipsis, en realidad buscaba aquello que los antiguos reclamaban, esa Edad Dorada, Y él las ritma en siete tiempos, que son el preámbulo de la revelación cristiana.
Si puede asignársele valor a la obra blakiana, es sobre todo porque no es únicamente algo poético y pictórico, sino que va más allá hacia lo simbólico y mitológico. De donde se deriva que toda su poesía nunca esté desligada de la creación pictórica, puesto que desea crear algo nuevo. Tenemos algo similar a R. Wagner en el terreno de la música, y esta es una constante de todos los grandes visionarios que sabían cuan pequeña y nimia es la expresión lingüística, y que la poesía únicamente se halla reservada para quienes ya comulgan en su interioridad con ella.

Los Libros Proféticos son el trabajo de toda una vida a la que llevó una ardua tarea de prever todo el proceso creativo del hombre siempre que estuviera dispuesto a semejante Obra. Esta obra no fue algo pensado en su mente sino que surgía de manera natural en él. Nunca supo como acabaría la misma, ni cuando, lo cierto es que creo un universo mítico. Esa etapa de su vida en que vivió un cambio de paradigma, como el que actualmente vemos, por un lado la mecanización e industrialización del mundo, unido a las fuertes luchas sociales. Momento en que se dan los dos grandes acontecimientos del XVIII, la independencia de las colonias americanas y la Revolcuión Francesa. Ambos hitos fueron celebrados con entusiasmo por quienes se hallaban desilusionados con las conquistas de la razón. Pero será al poco también otra desilusión más, cuando capten el Régimen de Terror posterior. Justamente ese hito de terror es lo que da lugar a una búsqueda ideal más allá del mundo racional creado por la visión cartesiana de la vida.
Los Libros Proféticos son a modo de recapitulación de su pensamiento, y al decir del mismo Blake, una fuerza superior le dictaba o le impelía a escribir. Verdaderos relámpagos místicos para la reflexión y meditación. El Arte, como siempre fue, es un lugar de interiorización y de superación la mera estancia humana, algo que eleve el espíritu del hombre a dimensiones que no percibimos en cotidiano vivir.

 



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